Arte y Psicoanálisis


Aquí lo más interesante es la manera en la que uno mismo hace las cosas, como uno crea la realidad. Por lo general, todos creemos que nuestras acciones responden a todo aquello que pensamos de manera consciente. Sin embargo, durante estos últimos 120 años, el psicoanálisis ha mostrado que, paradójicamente, la mayor parte de nuestras acciones responden a todo aquello que se encuentra en nuestro inconsciente, a lo que "no pensamos" ni recordamos de "manera consciente". Y si, tal vez a esto se pueda reducir la terapia psicoanalítica: traer al consciente aquellos fragmentos del inconsciente que nos conducen a construir nuestras situaciones de angustia; aprender a "controlar" el inconsciente, ser conscientes del inconsciente.

Es en el arte y la ciencia dónde se encuentran los más impresionantes logros de la creatividad humana; creatividad que, al igual que cualquier acto humano, responde a los impulsos del inconsciente. ¿Qué sucede cuando el artista "escarba" en su inconsciente a través de la terapia psicoanalítica? Por experiencia propia pienso, de manera "consciente", que el horizonte creativo se extiende de manera formidable conforme van cayendo de nuestros ojos ese sinfín de "vendas" -círculos viciosos- que impiden la evolución creativa.

Ahora, quisiera hablar de la famosísima tela en blanco, aquella a la que muchos artistas en una u otra ocasión se refieren, aquella con la que se enfrentan, la que se transforma en una suerte de símbolo entre lo que aún no existe y lo que existirá; la tela en blanco con la que algunos artistas se pelean, luchan y a la que a veces le ganan y a veces no.

Pero de lo que voy a hablar es de la superficie preparada para yo pintar en ella; para, como diría Platón en el diálogo de El Banquete, llevar a aquello que no existe hasta la existencia, es decir, para crear. Y aquí surge una pregunta que me servirá para explorar lo que he hecho durante los últimos 5 años y que es motivo de esta plática: ¿qué tanto no existe lo que no existe? Y esto lo digo porque desde mi punto de vista, no existe la obra única, sino que lo que existe es siempre un conjunto de obras que vienen a ser resultado de un proceso. Antes de cada obra siempre hay otras.

Una primera imagen que recuerdo: Estoy sentado en mi mesa-banco en 3ro de primaria. Recuerdo que los mesa-bancos los cubríamos con cartulinas de diversos colores; en ocasiones, esas cartulinas se iban llenando poco a poco, primero de manchas de tinta, luego de algunas letras, palabras, cuentas y luego, recuerdo yo, cuando me abstraía completamente de la clase, a formar una suerte de retículas hechas a base de líneas punteadas que se observan en algunos de los cuadros que más adelante mostraré.

Bueno, ¿y qué he hecho en estos últimos cinco años? Crear un sinnúmero de cuadros e instalaciones, procurando siempre establecer, de manera "consciente", un puente entre la terapia psicoanalítica a la que asisto y mi trabajo en el estudio y, pienso yo, que cuando se observa toda esta serie de pinturas, dibujos e instalaciones, se puede llegar a tener una imagen bastante aproximada de lo que es el proceso psicoanalítico, al menos en mi caso.


Hace aproximadamente 5 o 6 años comencé a cuestionarme todo, desde mi propia vida hasta el porqué pintar así o asá. Entre amigos, a esta etapa de la vida le llamámos la crisis de los 40; una crisis que al igual que la adolescencia nos vuelve prácticamente locos, con el añadido de que la más de las veces nos lleva a una profunda "depresión". Estando así, decidí acudir a la terapia sicoanalítica, pero no solamente eso, sino que, dentro de mi "locura", decidí de paso hacerla mi proyecto artístico, "ver" que le sucedía a "mi pintura" mientras acudía a la terapia.

Estos son los primeros cuadros (sala 1) que hice al acudir a la terapia. Cuadros en los que poco a poco va surgiendo todo ese caos, de manera explícita, en el que siempre se encuentra uno al comenzar la terapia. Todo aquello con lo que uno no está a gusto.

Aquí recuerdo que comence a "sentir" que comenzaba a "tocar" mi propio inconsciente (sala 3) y comencé a tratar de llevar a la tela esa sensación que a veces encontraba durante las sesiones de la terapia. El inconsciente como algo traslúcido, sumamente delicado.

La utilización de plantas fue un reflejo (sala 4) de descubrir que existía un mundo exterior, que estaba ahí y no era necesariamente inclemente o compasivo conmigo mismo, sino que yo podía interactuar con él y transformarlo.

Sin embargo, entre la propaganda y los plantas y las telitas me encontré con que todo el tiempo estaba "cubriendo" una realidad y comencé a ver que era lo que cubría y comencé a pintar esta serie de cuadros que son como desnudos, porque no hay nada que cubra a la pintura, son pintura pura, a la vez que comencé a estudiar el libro de Lacán el de los seminarios 1 y 2 y dibujar en ocasiones las conclusiones de lo que iba leyendo (sala 5).

Tal vez esta sea la imagen más pura del trabajo del inconsciente (sala 6), no existe una actitud consciente de realizar determinada figura o paisaje, sino que simplemente "dejar" al inconsciente la elección de los colores. Aunque esto último sea también paradójico, ya que aún y cuando es imposible que el inconsciente devenga en una imagen u objeto, lo cierto es que el inconsciente interviene en las manera en la que se va creando la imagen, la pintura, el cuadro, el objeto, al igual que se manifiesta en la creación diaria de nuestra realidad. ¿Por qué decido lo que decido?.

Pienso yo que, a diferencia de la ciencia, en la que hasta cierto punto hay una serie de reglas a las que hay que sujetar lo que se va creando, en el arte no las hay hasta cierto punto, mientras no se trate de la elaboración de una obra con un objetivo específico.

El proceso de cada cuadro es amplio en el tiempo, tiempo en el que, como en algunas ocasiones comento con el psicoanalista con el que asisto a mi terapia, el inconsciente va haciendo su trabajo, moviéndome a mi sin que yo mismo me percate, con actos y omisiones. Por qué elijo esta mascara y no esta otra, porqué recojo de la basura este ramo de flores de plástico; por qué opto por el color "carne" cuando podía haber optado por el verde "baño". Por qué ahora me detengo y digo que el cuadro "ya está terminado"?

En ocasiones he leído que el inconsciente nos mueve (es la pulsión?) hacia el "placer", un placer entrecomillado porque en ocasiones se trata del placer por la angustia, por el placer por estar mal; y lo sorprendente es que las más de las veces no sabemos a ciencia cierta porqué nos colocamos en ese lugar.

Si, en ocasiones, al terminar muchos de estos cuadros, sentí una gran satisfacción, una emoción, una alegría.

Esta reflexión sobre el papel del inconsciente por encima del consciente en la realización de un cuadro, al igual que en la realización, creación, de la realidad diaria nos llevaría a la paradoja, tal vez, de que la realidad, en tanto que creación colectiva, vendría a ser una creación de nuestro inconsciente. Una idea muy extraña sobre todo cuando pensamos que lo creado, nuestra historia, siempre tiene un motivo consciente.

Y bueno, aún falta el otro extremo de la obra de arte, el del espectador, ¿Por qué la satisfacción, o insatisfacción en la obra observada? ¿Qué es lo que desencadena el hilvanamiento de un pensamiento con otro, por qué desencadena el pensar? ¿Por qué en ocasiones desencadena el placer? ¿Qué es lo que ven ustedes en mi pintura que no veo yo? ¿Qué veo yo que no pueden ver ustedes?.

No lo sé, creo que así es la obra de arte.


Antonio Gritón
Febrero del 2006

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